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Published Saturday, October 01, 2005 by Souvlaki.
No sé por qué necesitamos escribir para purgar nuestros sentimientos, supongo que la patética soledad nos convierte en desesperados de la palabra escrita. O quizá tener un sitio donde recordar lo patético que fuiste. Odio los tiempos de cambio y después los echo de menos. ¿Por qué diablos no venimos con manual de instrucciones? No vendría mal un reseteado de vez en cuando.
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Published Tuesday, September 27, 2005 by Souvlaki.
Sus manos aleteaban con un automatismo sospechoso y traicionero aunque ella parecía ignorarlo y miraba hacia otro lado mientras mis preguntas triviales sólo servían para, sólo durante unos segundos, captar su atención.
Sus palabras deshacían el pasado como si fuese un terrón de azúcar introduciéndose en el café caliente y, de vez en cuando, me sorprendía con el brillo y la chispa de sus ojos. ¿Qué será de mí cuando esté en su situación? me pregunté en una de esas incómodas pausas, incómodas para mí. El silencio daba alas a ese sonido hueco y omnipresente que establece el paso del tiempo.
Son tantas las cosas que me gustaría preguntarle que no me atreví a hacer ninguna, sobre todo por respeto. ¿Qué motiva a seguir viviendo cuando aparentemente lo único que posiblemente puedes hacer cada día es sobrevivir? No sé si esto es poco o mucho, pero hasta ahora nunca he pensado que la supervivencia por sí fuese un motivo de existencia, para mi suerte. ¿Piensa en la muerte cuando se despierta montones de veces por las noches?. ¿Cómo se enfrenta uno al hecho de que no le quede más por vivir, no pueda hacer millones de cosas con las que soñó?. ¿Es necesario tener fe en algo superior para salir adelante? ¿Cuándo se marca el punto sin retorno a partir del cual la realidad se devora a los sueños para siempre?
Antes, ahora y después. Vivimos para morir, nada puede evitarlo, así que quizá lo mejor sea no hacer demasiadas preguntas, aunque nos tiemble el corazón.
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Published Saturday, September 24, 2005 by Souvlaki.
Fue un día maravilloso que ahora parece que nunca tuvo lugar. Subíamos la montaña con nuestras propias piernas mientras escuchábamos los árboles retorcerse por el viento y el calor. Y al llegar arriba una brisa fresca nos recibió. Desde allí se veía todo claro, distante, minúsculo. Jamás volví a sentir la ciudad igual. En el horizonte se dibujaban montículos caprichosos dignos de un cuento de terror. El mundo estaba a nuestros pies, nunca quise irme de allí, era tan perfecto que cualquier movimiento podía deshacer el frágil equilibrio que dibujaba mi imaginación. No sé por qué hay sensaciones inesperadas que se cuelan dentro de la cabeza y se aferran como una sanguijuela. De vez en cuando te sorprenden reapareciendo, incluso te sorprende que sigan ahí, imperturbables al paso del tiempo, tanto que ni recuerdas cuánto ha pasado porque pudo haber sido ayer e incluso pudo no haber sido nunca. Dá igual, lo que cuenta es poder rescatarlas de vez en cuando y saborearlas como un caramelo, despacio, acariciándolas y moldeándolas ligeramente, hasta que su contorno se vuelve todavía más perfecto.
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Published Wednesday, September 21, 2005 by Souvlaki.
Estallar o no estallar, dejarlo para mañana o para pasado mientras las cosas siguen igual. Cada día me levanto y me pregunto dónde diablos guardaré mi dosis de fuerza de voluntad para cambiar las cosas que me rodean y no me gustan. Pero soy un inútil a la hora de luchar contra mí mismo y mis debilidades, que siempre me ganan, se ríen al final del día, prometiéndome que mañana me darán día libre. Así me acuesto, feliz e ilusionado, hasta que por la mañana me susurran de nuevo, se ríen y con inconcebible pasividad dejo que hagan de mis días una maraña de hilos descoloridos y desgastados. Hoy tampoco ha sido posible, quizá necesite un milagro.
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Published Sunday, September 18, 2005 by Souvlaki.
Porque siempre está presente como símbolo de haber traspasado una invisible barrera y haberse confiado al otro, a otra persona que lo más probable es que no sepas qué es de ella. Pase más o menos tiempo aquellos pocos segundos y lo que sentiste durante ellos siguen impolutos y la sensación posterior de que el mundo estaba, al fin, a tus pies.
Pero no todo es dulce y tras ese tiempo es casi seguro que lo interpretarás de forma distinta. Aún así seguirá siendo uno de esos instantes que de vez en cuando rescatamos, quién sabe con qué fin. ¿No has tenido nunca la sensación de echar de menos a la gente a la que has estado unida de alguna forma, aunque te hiciesen daño? Sobre todo es la melancolía de las experiencias vividas en común y que ahora flotan irreales. No logro recordar apenas las negativas de quien me dejó dar mi primer beso, y haberlas las hubo. Sólo recuerdo su rostro angelical y nuestras conversaciones, ahora insulsas al recordarlas, pero que entonces me gratificaban tanto. También recuerdo el sabor del chocolate fundido al que una vez me invitó, o el sabor de su boca, a Chesterfield mezclado con un irrefrenable instinto pasional que terminaría por arruinar lo que nunca existió.
La echo de menos pero no me gustaría estar con ella. Echo de menos momentos, instantes que fueron maravillosos sin tener nada especial, como una noche cuando en cama nos pusimos a recordar qué hacíamos de pequeños. Quién sabe dónde estará ahora. Pedacitos de nuestras vidas se van con esas personas, los que quedan son cristales que cortan cuando los apretamos entre los dedos.
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Published Saturday, September 17, 2005 by Souvlaki.
Los días eran únicos, en el estricto sentido. Un día parecía durar cientos de horas y era distinto al anterior. En nuestro interior fluían tantas sensaciones que el mundo parecía pulsar con más fuerza y nosotros éramos su hilo conductor. Los adultos eran simplemente adultos, ajenos a nuestro mundo de fantasías y tramas conspiradoras. Las mañanas brillaban con más fuerza y la cercanía de la noche teñía el ambiente de sombras larguísimas que confluían hasta adentrarnos en la misteriosa y privativa noche.
Como pocas cosas estaban bajo nuestro control, manipulábamos aquellas que sí lo estaban con maestría, hasta convertir momentos que ahora se presentarían insulsos en recuerdos imborrables, que todavía martillean nuestra cabeza cuando abrimos esa caja de Pandora llamada memoria. ¿Fueron esos los mejores momentos?
Ahora los lugares pueden no haber cambiado mucho, pero han perdido su cuarta dimensión de aventura, de emoción, de riesgo. Ellos dirán lo mismo de nosotros. Somos criaturas que nos perdemos dentro de nuestra propia complejidad a medida que nos desarrollamos, involucionamos y nos retorcemos en lugar de estirarnos. Por eso el tiempo pasa más rápido y, por mucho que lo intente, no soy capaz de aferrarme a él, se escapa, pues sabe lo que pretendo.